No hay dudas en la oscuridad cuando una tenue luz ilumina el vasto camino que aún queda por recorrer. Al salir del túnel, la sensación de no estar solo, eleva el misterio de lo que habrán de encontrar adelante. Juntos.
La respiración se vuelve constante, el júbilo; una intermitente línea que recorre cada fibra de lo que somos, lo que hemos ido descubriendo y la eterna promesa del lugar a donde llegaremos. Cada parte de nuestro ser confabula con la verdad de esta realidad, aquella que protagoniza amplios capítulos llenos de elogios, sonrisas y diferentes cuentos uno dentro del otro [historias únicas sin finales, sólo alternando en este tiempo].
Aún y cuando se confundan los quehaceres cotidianos, los que enamoran, lo que hacen vibrar, el efecto sigue siendo el mismo, pero en evidente incremento porque no hay suficiente razón para dejar de sentir. En el fondo, al cual jamás llegarás por última vez, así resurge renovada la esperanza con el inicio de un nuevo día. Con la pronunciación de las primeras palabras, de sinceras muestras de afecto, revive la creencia en lo que ya se ha construido. Y de esa misma sensación, con las palmas entrecruzadas se fortalece lo que humanamente existe y perdura. Un nuevo amor.
Leer por compromiso carece de significado. Identificarte con lo que lees, eso sí es cuento y aparte.
martes, 24 de enero de 2012
miércoles, 4 de enero de 2012
Cefalea Nocturna
El pensamiento se divide en dos. La bipolaridad del momento nubla una realidad intangible. Las preguntas son sencillas, corresponden a estados de ánimo; a metáforas existenciales; nada más.
A través de las luces callejeras escurre la efímera sensación de apego, las miradas se confunden con el deslumbrante matiz de faros extraños. No queda más que el silencio sepulcral de una conversación intrascendente, fría y sin objeto.
La llamarada de sensaciones invade la atmósfera como un solsticio de pletórica amargura; un intermitente socavón que inunda el alma del poeta.
Sin arrepentimientos ni exabruptos, es convocada la marea que ha de arrasar con el lánguido recuerdo de esa noche. El sentimiento ha sido victimado con el inclemente impulso del olvido y lo que el mismo favorece.
Llegamos a la estación donde un destino bifurcado refleja un horizonte común, pero que por caminos sinuosos para el viajero cosmopolita, no deja de ser una cuestión de decisión. Como lo es todo en este plano.
Allá, donde el camino es empredado y se recorre descalzo, es hacia donde el pensamiento libre se dirige, a sabiendas de los misterios que ha de encontrar. Mientras tanto, el cuerpo emprende su recorrido con dirección a lo corriente, a lo insípido, pero ciertamente justo y necesario para la subsistencia terrenal. En esa ruptura corpórea se haya la disyuntiva para aquélla pregunta maliciosa que se refiere a un estado mental y general.
La respuesta jamás verá luz, hasta que ambos trazos logren converger en una recta simultanea con un propósito similar. En vía de mientras, el único recinto de sensatez, donde puede florecer una tenue lucidez, yace en el centro que comparten dos entes que habitan un mismo espacio en constante pugna por alcanzar la supremacia de la existencia individual. En el transcurso de la confrontación, las consecuencias se perciben como conductas extrañas en un conocido personaje; un choque de titanes sin esperanza de tregua, pues cada quien asegura tener el definitivo mandato sobre el cuerpo que habitan.
Y la historia sigue...
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