Con el inclemente paso del tiempo se contempla un sin numero de situaciones que definen cada suspiro en este plano existencial, es nuestra vida a través de las estaciones. Las dificultades se presentan, son el obstáculo degenerativo de cualquier plano, las mañanas se vuelven más pesadas y sólo se espera una noche interminable donde ansías encontrarte solo en tus sueños donde todo marcha sin consecuencias.
A través de la ventana, de cara al desolado páramo que tienes como fondo, se van desmenuzando poco a poco las fibras de lo que eras y de lo que aún te aferras a ser. Aquellas melodías se desvanecen en un eco interminable porque sabes que ya no significan nada como antes. Entre la aparente tranquilidad se desdibujan las sensaciones y se manifiesta la monotonia; superficialidad del humano que a pesar de la agridulce vida se adhiere a lo que fantasea.
El ciclo continúa, los días son cálidos, húmedos y fríos. En ese mismo vaivén convergen las intrigas y alimañas de la mente; esperando a dar ese paso fortuito hacia hábitos muy conocidos, con la vista puesta en el error, en la pérdida del confort; pero donde existe ese libre albedrío; escaparate ante la sofocación.
En ese milimétrico segundo, la balanza se inclina como antes; no se buscan justificaciones absurdas, sólo conductas inexplicables. Cometer errores pasados simplemente fortalece el mal hábito que engendró la indiferencia, y que desconoce cualquier vestigio de armonía o en su caso, el espejismo de la misma.
Es la condena eterna de la repetición, un loop protagónico en los monstruos de la mente de cada individuo disfuncional, como lo somos la mayoría.
...y ante las palabras libremente expresadas, llegará el cuestionamiento.
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