lunes, 28 de noviembre de 2011

Resplandece

Recordamos lo que hemos vivido, por dónde hemos pasado y a dónde queremos ir. Simplemente somos estrellas fugaces en estas coordenadas, tratando de no estrellarnos, pero sin duda alguna, los roces son necesarios; te hacen sentir real.
La vida es tan intermitente como el suspiro mismo que la crea. Todo se vuelve difuso; sin embargo, en esa opacidad encuentras la verdadera esencia de lo trascendente.
Divagar entre las lagunas de mi memoria hasta brincar en esos charcos que significan mis recuerdos más escondidos. Ahí quedarán, inmersos en la recóndita galeria de mi ser, sólo reviven cuando chapoteo sobre ellos, sólo que ahora no me empapo de los mismos. Veo cómo la imagen se distorsiona en ondas infinitas, todo es vago y vuelve a la normalidad. Ya no presto atención, sé que existió, pero no se repetirá jamás.

Las reflexiones adquieren otro sentido, son ambivalentes y cada vez más constantes. El por qué he llegado a donde estoy sólo el esfuerzo lo justifica. Saber que ha sido un camino sinuoso lo hace aún más gratificante, reconocer que los sacrificios hechos han sido necesarios, le da el tinte exacto que enmarca los sabores más exquisitos de tu haber. Hoy me siento aquí, en la oscuridad de una alcoba, dándole rienda suelta a lo infinito, a la capacidad de mi creación, aquélla que vive a través de mí, esa misma que me permite estar donde lo hago ahora; navegando en la tranquilidad de mi presente.

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